Kiwi Charrúa
Ésta última visita a Christchurch no pude evitar las odiosas comparaciones de lo que es Nueva Zelanda y Australia. Como todo en este blog es opinión personal, mía de mí solamente y en mi limitada versión de la realidad austro-neo-zelandés-argenta-uruguaya ahí les va esas odiosas comparaciones.
Si existiera un mundo paralelo anglosajón que incluyera la relación amor-odio y simbiosis de Argentina y Uruguay sería definitivamente Australia y Nueva Zelanda. En este mundo paralelo Argentina sería Australia y Uruguay, Nueva Zelanda. Ambos hermanos, ambos con las mismas raíces solo que uno es grande y el otro chiquito. Los chiquitos ambos dependientes del sector primario de la agricultura y ganadería, siempre miran al oeste y añorando el auge del hermano mayor, donde hay de todo y mucho. Los chiquitos del este emigran, buscan y encuentran el trabajo que no tuvieron en su propia tierra y sin embargos siendo ellos, muy ellos marcan sus diferencias con el orgullo de ser pequeño en territorio y población pero grande en todo lo demás. Los kiwis en Australia se mezclan y se mimetizan manteniendo un perfil bajo trabajando en lo suyo. No es sino hasta que hay un juego de Rugby entre lo Wallabies y los All Blacks que esperando ver un estadio supuestamente amarillo encuentras muchas y muy unidas “manchas” negras. Nada muy diferente con lo que puede ser entre Argentina y Uruguay.
Siendo mexicano mi posición es muy cómoda, viendo todo desde afuera sin las pasiones inherentes al ser jugador visitante en ambas tierras, comparto mi opinión (si, aunque nadie me la pida). Pero la verdad es que se parecen muchos los cuatro países y ambas situaciones. Cosa graciosa, mientras a los neozelandeses les entiendo todo, a los aussies les atrapo la mitad de lo que dicen. Lo mismo me pasó cuando llegué a Uruguay donde el lunfardo no era la razón de no entender porque a los orientales les entendía al menos por el contexto pero a los porteños ni con dibujitos les captaba la expresión.
Mi suerte esta tirada, no es una cuestión objetiva de decidir a quien elijo o simpatizo en esta competitiva dualidad, el charrumaco que tengo por hijo, demanda lealtad e incondicionalidad. De cualquier forma, siempre fui de campo mi color favorito es el celeste y negro y me gusta demostrar lo contrario. Todo eso antes de vivir en la ROU. Si, existe el destino.









