Ayer regresé de Colombia en lo que fue mi primer viaje a solas con mi hijo. Al tener sus abuelos en Colombia y en México lo de viajar para el charrumaco lo tiene mas o menos dominado, es uno el que no sabe que hacer.
La foto muestra el primer viaje que hizo a sus 5 meses precisamente a la tierra materna. Como verán él esta cómodo y hasta el día de hoy mantiene esa sensación de ser uno con el ambiente aeronáutico. El charrumaco estando lejos del bien y del mal ha exigido a gritos que lo suban al avión en un vuelo cancelado y cuando ha logrado subir canta alegremente a todo pulmón "nos vamos a estrellar, nos vamos a estrellar" provocando miradas como si Damian (por aquello de la película El Anticristo) caminará por el pasillo.
Siendo este nuestro primer viaje solos y con la experiencia del pasado ya iba preparado a lo que me enfrentaría. Mucha literatura hay sobre lo de establecer límites a los hijos y en este caso por la misma tensión del viaje iba dispuesto a achicar esas fronteras. Esto último traería inevitables confrontaciones pues es precisamente los límites lo que convierte en un energúmeno a mi primogénito. Iba preparado para todo incluso una generosa dotación de leche con ron que sin duda pondría dócil a cualquier pantera. Afortunadamente no fue necesario.
Durante los vuelos fue una seda, se portó a la altura y durmió como un lirón. Saliendo de Panamá y a 10 minutos de haber despegado me preguntó, "Falta mucho para Buenos Aires ?", "No mijito solo 7 horas", "A que bueno", dijó y se durmió. Despertó a 10 minutos de aterrizar mientras escuchaba lo de ajustar cinturones y reclinar asientos, en ese momento me concedió su único acuerdo conmigo del viaje, "tenías razón no faltaba mucho". Después de 7 horas de estar torcido mal sentado le regrese el comentario con una adolorida sonrisa, diciéndole "ya ves nunca desconfíes de tu padre".
Mientras tanto en las esperas en los aeropuertos se dedicó a recorrer pecho a tierra los higiénicos pisos y alfombras de las terminales. Un Buzz Lightyear y un Optimus Prime recogieron con él cuanto inimaginable microbio que los globales viajantes habrán dejado con la suela de sus zapatitos. No fueron pocas las veces en la que enérgicamente le pedí que se levantara del suelo, en las pocas veces que atendió fue solo para esparcir su apreciada recolección microbiana a la nariz y mientras se hurgaba tan solo guardaba silencio y me regalaba una mirada complaciente, para posteriormente seguir en lo suyo.

Merece mencionar que llegando a Ezeiza nos entretuvimos viendo los diferentes aviones de los líderes mundiales estacionados en el aeropuerto que fueron atestiguar la toma de posesión de Cristina Kirchner como nueva presidente de Argentina. Lo que fue la cereza en el pastel fue ver por primera vez el Airbus 380 el cual está realizando vuelos promocionales alrededor del mundo, este es el avión de pasajeros mas grande que se haya construido. La evaluación de mi chamaco fue, si esta grande pero es feo. Tal vez tenga razón. Disculparan la foto pero eran las 5:30 AM con lluvia y con calidad de cámara de celular.

A pesar de los encuentros y desencuentros del viaje regresamos sin mayores rupturas en nuestras relaciones diplomáticas. Eso si, nos conocimos mejor, el aprendió que ni siquiera en los aeropuertos tiene que obedecer, yo aprendí que un Optimus Prime y un Buzz Lightyear logran cosas increíbles.