El Parche
Siguiendo con el tema de los viajes, desde hace algunos 7 años e incluido en mi mochila que me acompaña a donde quiera que vaya, un parchecito con la bandera de México.
Hay una dualidad en la función del parche, (algo así como la táctica que usan algunos animales ponzoñosos con sus colores vívidos) para que se alejen de mí o bien para atraer a otros de la misma especie. Aunque de esta última función y a sabiendas que perro no come perro, a veces hubiera sido mejor pasar desapercibido. Pero en fin son más las buenas que las malas experiencias.
En la calle, en autobuses, en aeropuertos, en restaurantes, en museos, en el metro, etc. No ha faltado el connacional errante y solitario, que como yo, extraña intercambiar el albur y explotar el misterioso y prolífero uso de la palabra chingar, (sea como verbo, adjetivo, sustantivo, gerundio etc.).
Me gusta portar el parche y aun en los peores momentos de fama de los hijos de la Malinche, como fue en los albores de la influenza A1HN1 en las que los mexicanos nos convertimos en los nuevos leprosos del mundo (principalmente por la ignorancia de la gente y el morbo de los medios) lo mantuve ahí, a pesar de algunas miradas recelosas.
Finalmente debo admitir que el parchecito pegado en la mochila, implica una responsabilidad autoimpuesta así que para evitar malas etiquetas trato de comportarme de la mejor manera posible mostrando civilidad y buenas modales (cuando se puede). Así que con acciones sencillas aspiro, tal vez ingenuamente, a dejar detrás de mí una impresión positiva y anónima a los extraños, después de todo los que ven el parche es porque les doy la espalda.

Tristemente leí en algunos diarios en México antes de mi regreso a Uruguay las lamentables declaraciones de políticos y "líderes de opinión" mexicanos sobre la designación de Juan Camilo Mouriño como Secretario de Gobernación (algo así como un ministro del interior).
Cada vez es mas popular que cuando una cámara filma a los aficionados mexicanos en un partido de fútbol donde participa México se encontrará inevitablemente con ciertos especímenes de nuestra ideosincracia popular. Entre estos se encuentran los infaltables y tradicionales sombrerudos, los chapulines colorados, los
Se acabaron lo premios Oscar. Terminaron con la misma idea que tenía que cuando inciaron, son evento gringo con mentalidad gringa.








